Dado que, según la iglesia, los cantos de las mujeres despertaban apetitos irrefrenables, se prohibió su presencia en los coros de las iglesias. Pero era necesario encontrar intérpretes con voces específicas para determinadas notas y melodías y la solución fue castrar a niños que cantasen bien.
El resultado: dulces voces. Pero con el paso de los años la fuerza sonora de poderosos cantantes. He acá una información adicional de esta pesadilla.
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