Somos dos chicas, y como buenas adolescentes que se prestan nos entregamos a la música, casi tanto como ella se entrega a nosotras. En una fiesta, en nuestras tareas cotidianas o incluso en una cita...; allá donde vayamos siempre sentimos una nota que se acopla a nuestro llanto o a nuestra risa. Nadie puede bailar sin una sonrisa, porque nadie puede vivir sin música.